El horizonte nos desafiaba esa mañana. Después de un copioso desayuno allí me hallaba yo, fumando un cigarrillo frente al descampado cubierto por una escarcha helada. Si, el sol se asomaba sin competencia por el horizonte, pero la temperatura no acompañaba.
Guardamos el equipaje en nuestro medio de transporte, y tomamos la senda que llevaba al mercado indígena. Por el camino, observamos la fauna salvaje, o eso creíamos hasta que caímos en la cuenta de lo que flotaba en el río justo tras un bote autóctono, no era un pato sino una especie de macabro juguete flotador con forma de ave. Un mal augurio.
El puente, prácticamente intransitable debido al viento y los obstáculos en forma de una raza extraña de animales enfundados en mallas que iban corriendo de un lado a otro, y de otra menos habitual pero que se desplazaba sobre un curioso artilugio de madera al que se le habían clavado unas ruedas, nos esperaba paciente. Lo abordamos con ganas debido a que todavía estábamos frescos y descansados.
Allí estaba, frente a un templo local, el mercado. Cometimos el error de dividirnos. Mezclados con los indígenas corríamos el peligro de desaparecer y ese miedo iba creciendo según veíamos los artículos que se mostraban. Había de todo: discos de vinilo, libros de todo tipo, ropa vieja, cuberterías, cables, máscaras africanas, postales de los años treinta escritas y con matasellos, teléfonos viejos... Cualquier cosa que os podáis imaginar.
¡De repente aparecieron otra vez M & M desde la mismísima nada! lívidas, completamente pálidas, se acercaron y nos indicaron su descubrimiento. En un puesto, posiblemente de medicina tradicional autóctona, vendían fetos de animales en frascos de formol. Incluso una bola de pelo con sorpresa dentro... ¡algo terrorífico!
Decidimos escapar antes de terminar en uno de esos frascos y nos adentramos en la jungla de asfalto que se extendía por todos lados. Había posibilidad de conseguir fruta por allí, incluso algún local cerrado ofrecía especialidades de nuestra tierra, seguro que con intención de obtener algún beneficio.
Vimos más de una calle curiosa, varios edificios bonitos, pero no paramos hasta llegar a un oasis (por cierto, Mari1 seguía perdida desde el mercado, apareció y desapareció en un momento, Is1 fue a buscarla pero al final ella nos encontró sola siguiendo el rastro de las miguitas de pan que habíamos dejado). Allí estaba, la fuente de maná, el elixir de la juventud eterna, las galletas de lembas... todo junto no llegaban a acercarse a aquellos estupendos sabores. Nosotros, experimentados viajeros sucumbimos a las delicias de chocolate de aquella chabola que desprendía un aroma dulzón y empalagoso. Los llamados macaron, las figuras de chocolate, todo estaba bueno, y todos caímos en la tentación.
Ya nos tenían donde querían y decidimos dividirnos para poder huir, M & M escaparon directamente al medio de transporte por un atajo, hablaríamos en la siguiente ocasión si seguíamos con vida. El resto decidimos dar un rodeo por un camino más seguro. Alguno llegaría a su destino y contaría esta aventura.
Según avanzábamos veíamos que no podríamos llegar a nuestro medio de transporte sin abastecernos de víveres y descansar. El día había sido duro y largo, necesitábamos reponernos urgentemente. Dos puertas se mostraban ante nosotros. Una bonita y acogedora, con adornos curiosos y atrayentes platos expuestos. El otro más discreto, menos encantador. Caímos en la trampa como ignorantes exploradores novatos y nos adentramos en el restaurante.
La camarera nos cebó cual animalillos que ya están preparados para ir al matadero. Si, había mucha cantidad pero teníamos hambre y queríamos comer. Unos moluscos a la marinera con un buen plato de tubérculos fritos salados hicieron de nosotros una jauría sedienta de cualquier bebida. Nos sirvieron una especie de vino, en circunstancias normales no hubiésemos probado el líquido oscuro pero lo necesitábamos. Efectivamente, parecía vino pero no estaba bueno. Unas croquetas de ave de corral con un guiso de zanahorias y patatas... aquello era demasiado pero algo adictivo hacia que terminásemos el plato.
Cuando nos ofreció postre nos dimos cuenta de la jugada, ¡nos estaba cebando cual animales de corral! bizcocho de chocolate, crepe de chocolate y una especie de crema catalana con azúcar quemad por encima (pero que no era crema catalana sino algo muy rico y autóctono)... ¡teníamos que huir! miramos al rededor y ¡estábamos solos! era tarde y miedo nos daba que se nos echara la noche encima. Rezamos para que la puerta no estuviese atrancada desde fuera. Las dos personas que nos atendieron, nos miraban como a pollos desplumados mientras sonreían y nos invitaban a seguir comiendo. ¡Esto no puede seguir!
Huimos justo a tiempo. Cogimos el lado del rio y cruzamos por el mismo puente de la mañana. Llegamos al medio de transporte y esquivando a una horda de nativos en sus carros, tomamos la dirección correcta.
Desconocemos el destino de M&M, esperamos que estén bien, o en su defecto que no hayan sufrido. Conociéndolas puede que estén cruzando el Amazonas, escalando el Machu Pichu o en una aventura equivalente de la ribera navarra. Nosotros dejamos nuestro testimonio para no olvidar los horrores de aquel lugar y prevenir a futuros aventureros.
"Crónicas de un viaje a una tierra desconocida"
31 - 01 - 2010
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miércoles, 17 de febrero de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
El sexto sentido
El local estaba maldito, todos éramos conscientes de ello pero la necesidad hizo que vendiéramos nuestras almas al diablo. Por un bocadillo de kebab y robando las bebidas, almas tristes en pena, condenamos nuestra existencia de por vida (bueno, casi, digamos que... unas 12 horas).
Si, ocultamos las 6 botellas del innecesario liquido capitalista para que el cajero no nos las cobrase. Yo veía en sus ojos una mirada penetrante, miraba directamente hacia mí, a través del mar de cabezas que nos separaban, fijamente, sin pestañear... Él lo sabia pero una sonrisa maléfica delataba la naturaleza de su ser... el sabía que yo lo sabía, los dos sabíamos qué estábamos haciendo, y aun así los 6 salimos del restaurante sin pagar las bebidas, sin ruborizarnos... fue el comienzo de la entrada en el infierno. Sí, yo lo hice.
No hacia frio, pero lo sentíamos. Fuimos hacia el edificio manga entre gente que tenía pinta de adorar al diablo. Chicas con cola de zorro, mujeres de 3 metros vestidas con coloridas túnicas purpúreas y carmesí... Nos intentamos refugiar en un antiguo hotel que estaba de camino... teníamos miedo. Pero la suerte no estaba con nosotros.

Aquella exposición tenía un estilo diferente. Incluso intuíamos que el autor se encontraba también allí, posando para las cámaras, su presencia era notable. Un cartel rezaba "Esta exposición puede herir su sensibilidad, se muestran escenas pornográficas explicitas". No podíamos escapar, ¡la lujuria nos comenzó a invadir! Pero no, no veíamos nada de lo que el cartel advertía. ¿Nos estaríamos insensibilizando? ¿Seríamos ya fieles sirvientes del demonio?
Un detalle llamó mi atención, una cortina disimulaba el acceso a un reservado tras el cartel... ¡tengo que entrar! De pequeño nunca pude evitar pulsar los botones con advertencias tan ambiguas como "no pulsar". Tímidamente di un paso dentro, y ¡el ambiente me absorbió completamente! ¡Si, se refería a aquello! Comic autobiográfico, con experiencias muy explicitas de la vida del autor... Incluso un gran cuadro de un metro cuadrado donde se podía apreciar un francés (y no me refiero a la nacionalidad), ¡¡¡¡sexo por todas partes!!!! Y qué curioso, no nos escandalizamos, nos estaba gustando...
Salimos del edificio y pensamos en entrar en la iglesia más cercana, pero lo declinamos para otra ocasión, no era malo, no era porno, era... ¡ARTE! ¡Era Porneaud! Así que continuamos en peregrinaje al edificio del manga. El ambiente se oscurecía por momentos...
El edificio manga fue terrorífico. Un japonés con cara de kamikaze, repetía una y otra vez las mismas muletillas.
1 "Gracias por venir pero no creo que lo que diga hoy sea tan importante como para que tanta gente venga a verme" -Tenía razón.
2 "Soy un dibujante profesional, pero lo que estoy haciendo ahora -muñeco cabezón de palos y una casa cuadrada digna de un niño de 6, perdón, quiero decir 4 años- no lo parece verdad?" -También tenía razón.
3 "Os voy a explicar que son las líneas cinéticas" –¡Dios, perdóname!
No aguantamos más. Nos fuimos de la sala bajo la mirada penetrante de los espectros que ya no podían escapar del gancho del maléfico ser.


Y entonces nos dimos cuenta... ¡Mari2 ha desaparecido! ¡Mari2 no está! ¡Mari2 se fue! ¡¡¡¡Estoy empieza a decaer!!!! ¡Vamos todos a la iglesia a pedir consejo a Robert Crumb! Y allí fuimos, pero no encontramos el génesis, sino el mesías en manga. Si, una digna versión del nuevo testamento, nada que ver con la aberración leída en la tertulia en anteriores ocasiones. ¡Aquello nos iba a iluminar!
Allí parecía que estábamos en paz... plantas en macetas, dibujos de ovejitas y conejos... ¡Y se me heló la sangre! De repente nos encontramos Mari3 y yo solos, los dos aterrorizados sin saber hacia dónde acudir. ¿Donde está todo el mundo? Al fondo, una exposición carcelaria advertía de los peligros de las prisiones para la familia. ¿Sería una amenaza? ¡Salimos corriendo en busca de ayuda! Sabíamos que tal vez en la carpa de editores más importante, la grande por llamarla de alguna forma, encontraríamos cobijo. Y allí en esa especie de purgatorio empezó un gotear de almas, entre ríos de personas que buscaban la absolución mediante la firma de su profeta (Frederic Peters también se encontraba allí). Yo compré una reliquia en forma de taza con gato para pedir perdón por alejarme del camino. Nunca más volvería a salir de un restaurante sin pagar la bebida, ¡por lo menos hasta el día siguiente!

Salimos del purgatorio pensando que de allí iríamos al cielo, y todo apuntaba en esa dirección ya que no solo nos encontramos los seis visitantes alojados en burdeos, sino que además, encontramos a dos almas mas, estudiantes de bellas artes de Bilbao que pasaban por allí. Estábamos tan contentos que decidimos inmortalizar el momento delante del cartel de la mascota.
Cerramos el trafico, pusimos la cámara en posición y todos, subidos a un banco que hacía de palco improvisado, posamos con nuestras recientemente recuperada buena sonrisa. La sesión duró varias fotos, ¡hasta que la soberbia nos poseyó! ¡Si, no podíamos parar! Una más, otra otra, venga, ¡¡¡Somos los mejores!!! Y de repente el mundo se paró.
Todos posábamos allí, todos estábamos quietos, todos sentimos frio otra vez... ¡Aquello no era el cielo! 6 visitantes de burdeos + dos visitantes de Bilbao = ¿¿ 9?? Aquí pasa algo. Congelados en la misma posición, todos sentimos la presencia extraña... nadie se atrevía a mirar, nadie se quería girar, nadie pestañeaba. La gente señalaba y miraba asombrada. Por fin, un grito desgarrador rompió la fría tensión y todos salimos despavoridos. ¡Los ocho queríamos alejarnos de allí! ¡¡¡¡Esa novena presencia pretendía poseernos!!!! Desaparecimos tan pronto como pudimos... Pero las pruebas gráficas muestran la borrosa presencia que nos acompañó en aquel momento.
Ya solo quedaba visitar a los fanzineros y tal vez alguna exposición. Recuperado el aliento y sabiendo que todo era cuestión de tiempo, de que no existía salvación, de que estábamos perdidos, entramos en la carpa de editores independientes... y yo estaba solo.
Una bruma me envolvía, una marea humana de extraños, ninguna cara amiga, nadie a mí alrededor... evitando el contacto con aquellos espectros levité como pude hasta la sección de fanzines. Dios mío, ¿por qué estudié ingles en vez de francés? las monjas de mi pueblo con buen criterio solo explicaban gramática francesa. Pero había un refugio, una serie de barbaros fanzineros, provistos de cachis de cerveza, espíritu inquebrantable cual auténticos galos de viñeta, hacían piña y se defendían de los espectros gabachos. Todos muy atentos se acercaban y te trataban como a una persona. Estaba a salvo. Un espejismo, el ente de Mari2 se me acercó: "¡hola! ¿Donde están los demás?" Sabía que no era ella, sabía que era una ilusión, la despisté y seguí mi peregrinaje a la barra del bar. Allí todo era como el paraíso de las sirenas, el tiempo se comprimía y dilataba sin sentido. Tan pronto pasaba media hora de golpe como un minuto solamente... Discutí sobre temática social con unos londinenses muy cercanos, compré material subversivo, unas italianas me citaron en Milán para mayo, yo por mi parte las invité a granada en Agosto.
Y caí en la cuenta... ¡aquello era una trampa! El tiempo te absorbía y cuanto más te quedabas, ¡mas difícil era salir! cuanto más veías, ¡¡¡¡¡¡más tiempo necesitabas para ver el resto!!!!!! Mientras que los fanzineros seguían dedicándome los fanzines con mucho detalle y dibujos a tinta y subrayador azul, me di cuenta de su atrayente magnetismo. "Tengo que salir de aquí, esto es peligroso, terminaré siendo unos de ellos". Agarré mis compras, le di una patada a la puerta de emergencia y respiré el aire frio. Aire frio pero por fin sano, aire gélido que despertaba mi mente. Aire que resucitaba mi espíritu.
Llegué al punto de encuentro. Era hora de pensar en lo que habíamos hecho y ver cómo arreglarlo. Las señales habían sido claras.
--------------------
De vuelta a burdeos, cenamos en un japonés. Los dioses me castigaron con una escasa elección, parecía que querían que ayunase. Por suerte los acontecimientos del día me habían revuelto las tripas y no me convenía abusar. Mari1 pagó las consecuencias de mis pecados y el resto de comensales se apiadaron de nosotros ofreciéndonos manjares del lejano oriente.
Una vez terminada la cena nos fuimos a reflexionar a nuestro punto de encuentro con la resistencia. El bar anarco-comunista nos conocía y nos atendía bien. Tal vez con demasiada confianza. El camarero, parecía estar al corriente de nuestro pecado en Angouleme y para que no se nos ocurriese marcharnos sin pagar se acercó a Is1 para hacer una broma respecto a la puerta que tenía que cerrar constantemente. Sabía que nuestra posición estratégica cerca de la salida se podría deber a una huida espontanea no planeada y bajo amenazas escondidas en los chistes, decidimos sentarnos en una pequeña mesa. Por cierto, Is1 tiene una oferta de trabajo en ese bar como portero a tiempo parcial.
Allí sentados reflexionamos y decidimos arreglar el mundo. Cogiendo como ejemplo los grandes inventos de nuestros tiempos (gran canal el tele-tienda, la manta con magas y el dispensador eléctrico de pasta de dientes, dos nuevas necesidades que tenemos), intentamos discernir como podríamos aportar nuestro granito de arena para conseguir un mundo mejor, pero enseguida nos dimos cuenta de que seguíamos malditos, ¡no lo hacíamos altruistamente sino que planeábamos amasar avariciosas montañas de vil metal con nuestras ideas! Somos malvados.
Nos callamos, bajamos la mirada y todo terminó, no había nada que hacer. Seguíamos malditos.
"Tarde del 30 - Enero - 2010"
Si, ocultamos las 6 botellas del innecesario liquido capitalista para que el cajero no nos las cobrase. Yo veía en sus ojos una mirada penetrante, miraba directamente hacia mí, a través del mar de cabezas que nos separaban, fijamente, sin pestañear... Él lo sabia pero una sonrisa maléfica delataba la naturaleza de su ser... el sabía que yo lo sabía, los dos sabíamos qué estábamos haciendo, y aun así los 6 salimos del restaurante sin pagar las bebidas, sin ruborizarnos... fue el comienzo de la entrada en el infierno. Sí, yo lo hice.
No hacia frio, pero lo sentíamos. Fuimos hacia el edificio manga entre gente que tenía pinta de adorar al diablo. Chicas con cola de zorro, mujeres de 3 metros vestidas con coloridas túnicas purpúreas y carmesí... Nos intentamos refugiar en un antiguo hotel que estaba de camino... teníamos miedo. Pero la suerte no estaba con nosotros.
Aquella exposición tenía un estilo diferente. Incluso intuíamos que el autor se encontraba también allí, posando para las cámaras, su presencia era notable. Un cartel rezaba "Esta exposición puede herir su sensibilidad, se muestran escenas pornográficas explicitas". No podíamos escapar, ¡la lujuria nos comenzó a invadir! Pero no, no veíamos nada de lo que el cartel advertía. ¿Nos estaríamos insensibilizando? ¿Seríamos ya fieles sirvientes del demonio?
Un detalle llamó mi atención, una cortina disimulaba el acceso a un reservado tras el cartel... ¡tengo que entrar! De pequeño nunca pude evitar pulsar los botones con advertencias tan ambiguas como "no pulsar". Tímidamente di un paso dentro, y ¡el ambiente me absorbió completamente! ¡Si, se refería a aquello! Comic autobiográfico, con experiencias muy explicitas de la vida del autor... Incluso un gran cuadro de un metro cuadrado donde se podía apreciar un francés (y no me refiero a la nacionalidad), ¡¡¡¡sexo por todas partes!!!! Y qué curioso, no nos escandalizamos, nos estaba gustando...
Salimos del edificio y pensamos en entrar en la iglesia más cercana, pero lo declinamos para otra ocasión, no era malo, no era porno, era... ¡ARTE! ¡Era Porneaud! Así que continuamos en peregrinaje al edificio del manga. El ambiente se oscurecía por momentos...
El edificio manga fue terrorífico. Un japonés con cara de kamikaze, repetía una y otra vez las mismas muletillas.
1 "Gracias por venir pero no creo que lo que diga hoy sea tan importante como para que tanta gente venga a verme" -Tenía razón.
2 "Soy un dibujante profesional, pero lo que estoy haciendo ahora -muñeco cabezón de palos y una casa cuadrada digna de un niño de 6, perdón, quiero decir 4 años- no lo parece verdad?" -También tenía razón.
3 "Os voy a explicar que son las líneas cinéticas" –¡Dios, perdóname!
No aguantamos más. Nos fuimos de la sala bajo la mirada penetrante de los espectros que ya no podían escapar del gancho del maléfico ser.
Y entonces nos dimos cuenta... ¡Mari2 ha desaparecido! ¡Mari2 no está! ¡Mari2 se fue! ¡¡¡¡Estoy empieza a decaer!!!! ¡Vamos todos a la iglesia a pedir consejo a Robert Crumb! Y allí fuimos, pero no encontramos el génesis, sino el mesías en manga. Si, una digna versión del nuevo testamento, nada que ver con la aberración leída en la tertulia en anteriores ocasiones. ¡Aquello nos iba a iluminar!
Allí parecía que estábamos en paz... plantas en macetas, dibujos de ovejitas y conejos... ¡Y se me heló la sangre! De repente nos encontramos Mari3 y yo solos, los dos aterrorizados sin saber hacia dónde acudir. ¿Donde está todo el mundo? Al fondo, una exposición carcelaria advertía de los peligros de las prisiones para la familia. ¿Sería una amenaza? ¡Salimos corriendo en busca de ayuda! Sabíamos que tal vez en la carpa de editores más importante, la grande por llamarla de alguna forma, encontraríamos cobijo. Y allí en esa especie de purgatorio empezó un gotear de almas, entre ríos de personas que buscaban la absolución mediante la firma de su profeta (Frederic Peters también se encontraba allí). Yo compré una reliquia en forma de taza con gato para pedir perdón por alejarme del camino. Nunca más volvería a salir de un restaurante sin pagar la bebida, ¡por lo menos hasta el día siguiente!
Salimos del purgatorio pensando que de allí iríamos al cielo, y todo apuntaba en esa dirección ya que no solo nos encontramos los seis visitantes alojados en burdeos, sino que además, encontramos a dos almas mas, estudiantes de bellas artes de Bilbao que pasaban por allí. Estábamos tan contentos que decidimos inmortalizar el momento delante del cartel de la mascota.
Cerramos el trafico, pusimos la cámara en posición y todos, subidos a un banco que hacía de palco improvisado, posamos con nuestras recientemente recuperada buena sonrisa. La sesión duró varias fotos, ¡hasta que la soberbia nos poseyó! ¡Si, no podíamos parar! Una más, otra otra, venga, ¡¡¡Somos los mejores!!! Y de repente el mundo se paró.
Todos posábamos allí, todos estábamos quietos, todos sentimos frio otra vez... ¡Aquello no era el cielo! 6 visitantes de burdeos + dos visitantes de Bilbao = ¿¿ 9?? Aquí pasa algo. Congelados en la misma posición, todos sentimos la presencia extraña... nadie se atrevía a mirar, nadie se quería girar, nadie pestañeaba. La gente señalaba y miraba asombrada. Por fin, un grito desgarrador rompió la fría tensión y todos salimos despavoridos. ¡Los ocho queríamos alejarnos de allí! ¡¡¡¡Esa novena presencia pretendía poseernos!!!! Desaparecimos tan pronto como pudimos... Pero las pruebas gráficas muestran la borrosa presencia que nos acompañó en aquel momento.
Ya solo quedaba visitar a los fanzineros y tal vez alguna exposición. Recuperado el aliento y sabiendo que todo era cuestión de tiempo, de que no existía salvación, de que estábamos perdidos, entramos en la carpa de editores independientes... y yo estaba solo.
Una bruma me envolvía, una marea humana de extraños, ninguna cara amiga, nadie a mí alrededor... evitando el contacto con aquellos espectros levité como pude hasta la sección de fanzines. Dios mío, ¿por qué estudié ingles en vez de francés? las monjas de mi pueblo con buen criterio solo explicaban gramática francesa. Pero había un refugio, una serie de barbaros fanzineros, provistos de cachis de cerveza, espíritu inquebrantable cual auténticos galos de viñeta, hacían piña y se defendían de los espectros gabachos. Todos muy atentos se acercaban y te trataban como a una persona. Estaba a salvo. Un espejismo, el ente de Mari2 se me acercó: "¡hola! ¿Donde están los demás?" Sabía que no era ella, sabía que era una ilusión, la despisté y seguí mi peregrinaje a la barra del bar. Allí todo era como el paraíso de las sirenas, el tiempo se comprimía y dilataba sin sentido. Tan pronto pasaba media hora de golpe como un minuto solamente... Discutí sobre temática social con unos londinenses muy cercanos, compré material subversivo, unas italianas me citaron en Milán para mayo, yo por mi parte las invité a granada en Agosto.
Y caí en la cuenta... ¡aquello era una trampa! El tiempo te absorbía y cuanto más te quedabas, ¡mas difícil era salir! cuanto más veías, ¡¡¡¡¡¡más tiempo necesitabas para ver el resto!!!!!! Mientras que los fanzineros seguían dedicándome los fanzines con mucho detalle y dibujos a tinta y subrayador azul, me di cuenta de su atrayente magnetismo. "Tengo que salir de aquí, esto es peligroso, terminaré siendo unos de ellos". Agarré mis compras, le di una patada a la puerta de emergencia y respiré el aire frio. Aire frio pero por fin sano, aire gélido que despertaba mi mente. Aire que resucitaba mi espíritu.
Llegué al punto de encuentro. Era hora de pensar en lo que habíamos hecho y ver cómo arreglarlo. Las señales habían sido claras.
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De vuelta a burdeos, cenamos en un japonés. Los dioses me castigaron con una escasa elección, parecía que querían que ayunase. Por suerte los acontecimientos del día me habían revuelto las tripas y no me convenía abusar. Mari1 pagó las consecuencias de mis pecados y el resto de comensales se apiadaron de nosotros ofreciéndonos manjares del lejano oriente.
Una vez terminada la cena nos fuimos a reflexionar a nuestro punto de encuentro con la resistencia. El bar anarco-comunista nos conocía y nos atendía bien. Tal vez con demasiada confianza. El camarero, parecía estar al corriente de nuestro pecado en Angouleme y para que no se nos ocurriese marcharnos sin pagar se acercó a Is1 para hacer una broma respecto a la puerta que tenía que cerrar constantemente. Sabía que nuestra posición estratégica cerca de la salida se podría deber a una huida espontanea no planeada y bajo amenazas escondidas en los chistes, decidimos sentarnos en una pequeña mesa. Por cierto, Is1 tiene una oferta de trabajo en ese bar como portero a tiempo parcial.
Allí sentados reflexionamos y decidimos arreglar el mundo. Cogiendo como ejemplo los grandes inventos de nuestros tiempos (gran canal el tele-tienda, la manta con magas y el dispensador eléctrico de pasta de dientes, dos nuevas necesidades que tenemos), intentamos discernir como podríamos aportar nuestro granito de arena para conseguir un mundo mejor, pero enseguida nos dimos cuenta de que seguíamos malditos, ¡no lo hacíamos altruistamente sino que planeábamos amasar avariciosas montañas de vil metal con nuestras ideas! Somos malvados.
Nos callamos, bajamos la mirada y todo terminó, no había nada que hacer. Seguíamos malditos.
"Tarde del 30 - Enero - 2010"
viernes, 12 de febrero de 2010
En el país de la piruleta y la casa de la gominola
¡¡¡El día amaneció radiante!!! Eran ya las 7:30, lejos ya de las 6 de la mañana en la que Nch1 quería levantarnos. "Al que madruga..." dijo, pero una vocecilla interior nos decía que las 6 era incluso demasiado pronto para Robert Crumb.
Un arcoíris de 17 colores, primos todos ellos del violeta, entraba por la ventana. Mari1, que por respeto a las canas (literalmente) tuvo que dormir encima (camastro colgante en un piso virtual superior con una simple sabana roída para entrar en calor), saludaba a los pajarillos y ardillas que se amontonaban en nuestra ventana. "tranquila Mari1, el año que viene vendrá algún novato al que podrás putear tu".
"Buenos días animalillos!"
Una ducha rápida en el cubículo futurista que hacía las veces de shower, y a desayunar. Recordaba a la ambientación de 2001 una odisea espacial.
¡Que rico todo! brioches preñados de pepitas de chocolate, café, baguettes, cereales, yogurt, queso, mermelada, zumos varios leche, compota de frutas, naranjas, mantequilla... Una lástima que el caviar fresco no estuviese a la altura... "uno de cada s'il vous plaît" en perfecto francés y una horda de camareros salía entre las cortinas del salón-restaurante a cumplir con su tarea y satisfacer nuestras necesidades.
Al ratito aparecieron los somnolientos hombres que faltaban. Parece ser que debido a un problema de mala insonorización Nch1 e Is1 pasaron mala noche... Lo siento, otra vez intentare roncar para otro lado. En ese momento todos nos preguntábamos... habrán llegado Mari2 & Mari3 al destino? pero aquella cuestión no nos quitaba el apetito. Según iba devorando mi tercer desayuno completo (había una chef francesa única y exclusivamente cocinando para mí), llegaron las dos hermanas, felices y radiantes. ¡Un día maravilloso! ¡El sol asoma por el horizonte y vamos camino Angouleme, la ciudad de nuestros sueños!
Y nos dirigimos hacia Angouleme.
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Cortinilla de estrellas -120km después-
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Después de un par de vueltas a la ciudad (no porque no pudiésemos aparcar, sino porque queríamos ahorrarnos el autobús turístico y echar un ojo a las carpas de forma global antes de comenzar a andar) dejamos el coche y nos encaminamos al ayuntamiento. Por el camino empezó a caer algodón de azúcar, precioso espectáculo natural único solo comparable con la ciclogénesis explosiva. Algodones del tamaño de manzanas caían sobre los paraguas. Notabas el peso acumulado y cosquillitas en las zapatillas. Gran acierto por mi parte llevar calzado ligero y traspirable (completamente permeable) para poder andar de un lado a otro sin las incomodidades propias de los zapatos. El frio y los calcetines mojados desde el momento 0,37 solo fueron una anécdota maravillosa en la ciudad de la golosina.

El ayuntamiento muy bonito, majestuoso frente al público entregado sobre una especie de espejo líquido en lo que se había convertido el suelo. Todo el mundo era feliz y sonreía, todo el mundo quería disfrutar del día maravilloso que nos ofrecía el país de la piruleta.
Avanzamos al Teatro después de dejar un mensaje a M&M (y esto sin querer...) porque seguían de visita turística por la ciudad montadas en su coche. Al final decidieron aparcar en frente de la catedral, les pareció más bonito. En el teatro dada nuestra solidaridad, nada más entrar cedimos los últimos asientos del espectáculo gratuito a dos parejas que ya lo habían visto pero que les apetecía ver el show una vez más, simplemente para poder descansar y dormir un poco en las butacas. Lo mismo nos ocurrió con el espectáculo de las 2. Compramos las entradas y justo después unos pobres visitantes, nativos de Angouleme que se sabían el show de memoria pero que les hacía ilusión verlo por 10 vez ese día, nos las pidieron muy amablemente y se las regalamos. Que no se diga que no dejamos el pabellón bien alto.

Y subimos a la exposición de comic underground-collage. Muy curioso cómo se habían hecho las tiras e ilustraciones a base de periódicos recortados. Desde allí fuimos al pabellón de editores independientes (donde también había fanzineros pero no me enteré hasta entrada la tarde) donde nos encontramos maravillosamente con M&M, ¡Éramos felices otra vez! y para compartir nuestra felicidad decidimos ir a contárselo a Frederic Peters.
En el conservatorio, una afición entregada hacía cola para poder entrar aunque debido al éxito de la anterior performance (habrá que discutir el significado de esta palabra, verdad?) no salía ni dios del recinto para dejar sitio (Sabéis que Alan Moore es omnipresente ¿verdad?). Pero como estábamos en edificio del azúcar, los astros se alinearon y 6 butacas se liberaron de la fila central del auditorio por arte de magia. El Karma existe.
Un simpático jovenzuelo se situaba en una mesa de dibujo. Decía llamarse Peters (yo dudaba entre Peter Sellers o Frederic Peters, me decanté por el segundo debido a que no le gustaba dibujar y hablar al mismo tiempo, El señor Sellers seguro que dibujaba con el pie izquierdo mientras hablaba) y trataba de terminar de entintar una viñeta. Pero había un mal espíritu a su alrededor... un hombre calvo con perilla no hacía más que interrumpirle con preguntas en un idioma extraño (¿por qué nadie me avisó de que en Francia se habla frances? hubiese dejado de lado las clases de swahili para aprender francés, aunque solo fuese por entender al pobre Peter Sellers...). Al final, el artista se mosqueó un poco y dejo de dibujar mientras discutía sobre el sexo de los ángeles con el calvo (o eso es lo que nos pareció a Nch1 y a mí, aunque algún otro asistente asentía con cara de interés).
Tras romperse la cabeza para entintar a un abuelete y media viñeta, terminó la charleta y Nch1 pudo bajar a pedirle un autógrafo. Un personaje a mis espaldas me pidió fotos del tío ¿? y por lo que le entendí lleva una web del artista (no sé si oficial o extraoficial) y prometí enviárselas a cambio de una visita del señorito a la tertulia de comic (el señorito Peter Sellers... o era Frederic Peters?). Quién sabe qué pasara...
A Nch1 no lo atendió, sino que lo citó a las 6 para una sesión privada de firmas, donde supuestamente iba a dedicar un mural completo a la biblioteca, pero por no abusar de las influencias recientemente obtenidas y para no herir a las gentes de buena cuna que allí se apelotonaban en busca de un simple garabato, decidimos otra vez, sin ninguna duda y con un espíritu totalmente altruista y solidario, ceder el tiempo que iba a emplear a todo el resto de visitantes. Eso sí, según salíamos por la puerta, Mari2 se le acercó para dejarle su número de teléfono sellado con un carmín colorado muy llamativo. El calvo le guiñó un ojo. Pero el calvo no es Peters... lo siento, aprende a dibujar y tal vez yo te guiñe el ojo en la siguiente visita.

De allí a un sitio para comer, ¿donde? asador, brasserie, italiano, asador vasco... Mejor un kebab... mmmm rico rico, y aquí otra vez se nos recompensó con Karma positivo. Un local con unas 6 u 8 mesas, lleno, donde no entendíamos muy bien qué era la carta... "¿Que significara esto?" y mientras hacíamos esperar a mucha gente, detrás de nosotros un joven muy atento en un castellano perfecto de Valladolid, nos explico paso a paso que era cada ingrediente. No, no era solidaridad, el tenía hambre.
¡¡¡¡Y libró una mesa!!!! Una pareja iba hacia ella, pero nos vieron al acecho y se dijeron, "practiquemos el slow food, vayamos a la mesa de dos, porque somos dos, y dejemos la mesa de 6 a estas simpáticas personas, que son 6" aunque la lógica es aplastante hay lugares que la lógica no se cumple. Angouleme no es uno de ellos. O tal vez pensaron... "Si nos sentamos aquí, el chungo este con cara de bruto igual nos revienta la cabeza con el dedo meñique". Después de Varios mercy, gracias, danke, arigato, eskerrikasko y de reverencias de 180 grados nos sentamos y disfrutamos de una rica comida.
De postre, el hombre de la caja guiñó un ojo a Mari1, esta le puso morritos, el se sonrojó, ella se ruborizó y al final nos invitó a las bebidas. Quién sabe qué podría hacer la cabecilla del comando con un par de pestañeos fugaces.
"Mañana del 30 de Enero del 2010"
Un arcoíris de 17 colores, primos todos ellos del violeta, entraba por la ventana. Mari1, que por respeto a las canas (literalmente) tuvo que dormir encima (camastro colgante en un piso virtual superior con una simple sabana roída para entrar en calor), saludaba a los pajarillos y ardillas que se amontonaban en nuestra ventana. "tranquila Mari1, el año que viene vendrá algún novato al que podrás putear tu".
"Buenos días animalillos!"
Una ducha rápida en el cubículo futurista que hacía las veces de shower, y a desayunar. Recordaba a la ambientación de 2001 una odisea espacial.
¡Que rico todo! brioches preñados de pepitas de chocolate, café, baguettes, cereales, yogurt, queso, mermelada, zumos varios leche, compota de frutas, naranjas, mantequilla... Una lástima que el caviar fresco no estuviese a la altura... "uno de cada s'il vous plaît" en perfecto francés y una horda de camareros salía entre las cortinas del salón-restaurante a cumplir con su tarea y satisfacer nuestras necesidades.
Al ratito aparecieron los somnolientos hombres que faltaban. Parece ser que debido a un problema de mala insonorización Nch1 e Is1 pasaron mala noche... Lo siento, otra vez intentare roncar para otro lado. En ese momento todos nos preguntábamos... habrán llegado Mari2 & Mari3 al destino? pero aquella cuestión no nos quitaba el apetito. Según iba devorando mi tercer desayuno completo (había una chef francesa única y exclusivamente cocinando para mí), llegaron las dos hermanas, felices y radiantes. ¡Un día maravilloso! ¡El sol asoma por el horizonte y vamos camino Angouleme, la ciudad de nuestros sueños!
Y nos dirigimos hacia Angouleme.
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Cortinilla de estrellas -120km después-
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Después de un par de vueltas a la ciudad (no porque no pudiésemos aparcar, sino porque queríamos ahorrarnos el autobús turístico y echar un ojo a las carpas de forma global antes de comenzar a andar) dejamos el coche y nos encaminamos al ayuntamiento. Por el camino empezó a caer algodón de azúcar, precioso espectáculo natural único solo comparable con la ciclogénesis explosiva. Algodones del tamaño de manzanas caían sobre los paraguas. Notabas el peso acumulado y cosquillitas en las zapatillas. Gran acierto por mi parte llevar calzado ligero y traspirable (completamente permeable) para poder andar de un lado a otro sin las incomodidades propias de los zapatos. El frio y los calcetines mojados desde el momento 0,37 solo fueron una anécdota maravillosa en la ciudad de la golosina.
El ayuntamiento muy bonito, majestuoso frente al público entregado sobre una especie de espejo líquido en lo que se había convertido el suelo. Todo el mundo era feliz y sonreía, todo el mundo quería disfrutar del día maravilloso que nos ofrecía el país de la piruleta.
Avanzamos al Teatro después de dejar un mensaje a M&M (y esto sin querer...) porque seguían de visita turística por la ciudad montadas en su coche. Al final decidieron aparcar en frente de la catedral, les pareció más bonito. En el teatro dada nuestra solidaridad, nada más entrar cedimos los últimos asientos del espectáculo gratuito a dos parejas que ya lo habían visto pero que les apetecía ver el show una vez más, simplemente para poder descansar y dormir un poco en las butacas. Lo mismo nos ocurrió con el espectáculo de las 2. Compramos las entradas y justo después unos pobres visitantes, nativos de Angouleme que se sabían el show de memoria pero que les hacía ilusión verlo por 10 vez ese día, nos las pidieron muy amablemente y se las regalamos. Que no se diga que no dejamos el pabellón bien alto.
Y subimos a la exposición de comic underground-collage. Muy curioso cómo se habían hecho las tiras e ilustraciones a base de periódicos recortados. Desde allí fuimos al pabellón de editores independientes (donde también había fanzineros pero no me enteré hasta entrada la tarde) donde nos encontramos maravillosamente con M&M, ¡Éramos felices otra vez! y para compartir nuestra felicidad decidimos ir a contárselo a Frederic Peters.
En el conservatorio, una afición entregada hacía cola para poder entrar aunque debido al éxito de la anterior performance (habrá que discutir el significado de esta palabra, verdad?) no salía ni dios del recinto para dejar sitio (Sabéis que Alan Moore es omnipresente ¿verdad?). Pero como estábamos en edificio del azúcar, los astros se alinearon y 6 butacas se liberaron de la fila central del auditorio por arte de magia. El Karma existe.
Un simpático jovenzuelo se situaba en una mesa de dibujo. Decía llamarse Peters (yo dudaba entre Peter Sellers o Frederic Peters, me decanté por el segundo debido a que no le gustaba dibujar y hablar al mismo tiempo, El señor Sellers seguro que dibujaba con el pie izquierdo mientras hablaba) y trataba de terminar de entintar una viñeta. Pero había un mal espíritu a su alrededor... un hombre calvo con perilla no hacía más que interrumpirle con preguntas en un idioma extraño (¿por qué nadie me avisó de que en Francia se habla frances? hubiese dejado de lado las clases de swahili para aprender francés, aunque solo fuese por entender al pobre Peter Sellers...). Al final, el artista se mosqueó un poco y dejo de dibujar mientras discutía sobre el sexo de los ángeles con el calvo (o eso es lo que nos pareció a Nch1 y a mí, aunque algún otro asistente asentía con cara de interés).
Tras romperse la cabeza para entintar a un abuelete y media viñeta, terminó la charleta y Nch1 pudo bajar a pedirle un autógrafo. Un personaje a mis espaldas me pidió fotos del tío ¿? y por lo que le entendí lleva una web del artista (no sé si oficial o extraoficial) y prometí enviárselas a cambio de una visita del señorito a la tertulia de comic (el señorito Peter Sellers... o era Frederic Peters?). Quién sabe qué pasara...
A Nch1 no lo atendió, sino que lo citó a las 6 para una sesión privada de firmas, donde supuestamente iba a dedicar un mural completo a la biblioteca, pero por no abusar de las influencias recientemente obtenidas y para no herir a las gentes de buena cuna que allí se apelotonaban en busca de un simple garabato, decidimos otra vez, sin ninguna duda y con un espíritu totalmente altruista y solidario, ceder el tiempo que iba a emplear a todo el resto de visitantes. Eso sí, según salíamos por la puerta, Mari2 se le acercó para dejarle su número de teléfono sellado con un carmín colorado muy llamativo. El calvo le guiñó un ojo. Pero el calvo no es Peters... lo siento, aprende a dibujar y tal vez yo te guiñe el ojo en la siguiente visita.
De allí a un sitio para comer, ¿donde? asador, brasserie, italiano, asador vasco... Mejor un kebab... mmmm rico rico, y aquí otra vez se nos recompensó con Karma positivo. Un local con unas 6 u 8 mesas, lleno, donde no entendíamos muy bien qué era la carta... "¿Que significara esto?" y mientras hacíamos esperar a mucha gente, detrás de nosotros un joven muy atento en un castellano perfecto de Valladolid, nos explico paso a paso que era cada ingrediente. No, no era solidaridad, el tenía hambre.
¡¡¡¡Y libró una mesa!!!! Una pareja iba hacia ella, pero nos vieron al acecho y se dijeron, "practiquemos el slow food, vayamos a la mesa de dos, porque somos dos, y dejemos la mesa de 6 a estas simpáticas personas, que son 6" aunque la lógica es aplastante hay lugares que la lógica no se cumple. Angouleme no es uno de ellos. O tal vez pensaron... "Si nos sentamos aquí, el chungo este con cara de bruto igual nos revienta la cabeza con el dedo meñique". Después de Varios mercy, gracias, danke, arigato, eskerrikasko y de reverencias de 180 grados nos sentamos y disfrutamos de una rica comida.
De postre, el hombre de la caja guiñó un ojo a Mari1, esta le puso morritos, el se sonrojó, ella se ruborizó y al final nos invitó a las bebidas. Quién sabe qué podría hacer la cabecilla del comando con un par de pestañeos fugaces.
"Mañana del 30 de Enero del 2010"
miércoles, 10 de febrero de 2010
Vive la Résistance
Salí de mi cubículo tapadera. Intento parecer ocupado delante del ordenador hasta poder dedicarme a mi verdadera profesión. Ser agente doble no es fácil...
El coche me llevó casi solo hasta el punto de encuentro, había estudiado el recorrido mentalmente. Vi una figura al fondo y le di las luces tres veces tal como acordamos. Bajé con el poco equipaje que necesitaba y me hicieron montar en un utilitario que pasaría desapercibido en nuestro destino.
Ellos eran dos aunque me indicaron que había que recoger a una tercera persona, una fémina que se ocultaba en un colegio. Muy astutos! una profesora de primaria, que gran tapadera. Ayudados por el caos del parking escolar (el montaje fue espectacular, policías municipales ocupados con el tráfico, padres llevando a sus hijos al polideportivo, niños por todos lados... aunque pude observar a varios de sus hombres vigilando en sitios estratégicos, la experiencia es un grado). Uno de los tripulantes se excusó y dijo ir en busca de la cabecilla. Supongo que quería discutir la estrategia después de la primera impresión que había causado.
Ya de camino no hubo incidentes hasta pasada la frontera. Fuimos hablando del tiempo hasta que salió el típico comentario de las anécdotas. Viejo truco de espías, hablar de situaciones sencillas y cotidianas relacionadas con el trabajo. Es fácil meter la pata si uno es novato o se emociona con las mentiras. Por suerte, no es la primera vez que lo intentan conmigo, estaba atento.
El cielo estaba encapotado aunque se podía ver una gran luna llena en ciertos claros aislados. Se podía ver, hasta que empezó a llover a mares... una cortina de agua obstaculizaba el avance... gran diluvio que nos retrasó en nuestro horario previsto.
Al fin llegamos al hotel. Discreto y correcto, en las afueras. Muy inteligentes otra vez, no eran aficionados. Debía de tener cuidado. Se repartieron las habitaciones y para mi sorpresa, yo compartía habitación con la cabecilla... los otros dos agentes se alojaban cerca para acudir en caso de necesidad... Me informaron de la llegada de otras dos agentes esa misma noche. Yo estaba seguro de que ya estaban presentes y vigilaban mis movimientos. Era consciente de que la asignación de habitación no era casual, seguro que había micrófonos y cámaras ya instaladas. Ella metió la pata, se sabía el código de la puerta de memoria, sin mirar el papel abrió la cerradura electrónica de la habitación a la primera.
Después de dejar las maletas nos dirigimos al centro de Burdeos. Decidimos ir andando, otra prueba más. El viento gélido retaba nuestra resistencia. Ellos querían ver de qué pasta estaba hecho. "Os lo demostraré", saqué la pitillera, encendí un cigarro y me quedé contemplando el puente viendo como atravesaba "La Garonne" los arcos del puente. Qué majestuosa visión. Inmenso. Era muy fácil para ellos lanzarme por encima del bordillo de un ligero empujón. Nadie sabía dónde estaba, nadie sabría de mí y tal vez días después algún pesador encontraría mi cadáver en sus redes con los dedos cortados, la dentadura destrozada y sin documentación. Tenía que arriesgarme para cumplir con mi misión.
Llegamos al otro lado. Nunca antes había estado en Burdeos. Nunca antes había estado en Francia, no profesionalmente. Las fachadas eran preciosas y los paseos fluviales estaban bien iluminados. Recorrer la orilla del río era una tentación, pero debido al gélido viento declinamos caminar sin la protección de las fachadas envejecidas de la ciudad. Fachadas muy características, con miles de historias escondidas en su interior. Callejuelas peculiares llenas de rincones auténticos. Cualquier local era una invitación a disfrutar del calor que desprendían las estufas.
Una crepería. Como no, muy francés, una supuesta cena alrededor de las 9:30, otro error, ningún restaurante da de cenar en Burdeos a esa hora, el local era una tapadera. ¿Este sería el lugar de encuentro con su cúpula? La resistencia debía de encontrarse pronto, más tarde ya sería tentar a la suerte...
Cenamos tranquilamente unas crepes variadas. La camarera con un tono de voz muy francés nos acercó dos jarras de sidra. Sinceramente, aquello era Kas manzana, pero no quise molestar al comando. Uno de ellos (llamémoslo ‘Nch’), tentó al grupo con un manjar propio de la zona, crepe de chocolate, pero nadie picó el anzuelo. ¡¡¡Crepe de chocolate, a quién se le ocurre, menuda aberración!!!
Por fin terminó la cena y parecía que comenzaban a confiar en mí. Nos pusimos en marcha por la calle del lobo, hacia un local políticamente incorrecto. Aquel era el sitio sin ninguna duda! No estaba nada camuflado, tal como se suele decir, si quieres esconder algo, ponlo bien a la vista. Obscenamente provocador, decorado con carteles de propaganda anarco-comunista, el local parecía un tugurio. Era un tugurio. Me gustó. Allí se desconocían las palabras "prohibido", "fumar" y "orangina".
Sentados en una mesa nos miramos en silencio mientras medíamos las reacciones de los demás. Aquello ya empezaba en serio... en cualquier momento alguien tendría que sacar el tema. Detrás de mi, dos componentes de la resistencia hablaban abiertamente de la lucha que estaban llevando a cabo. Me retaban a actuar o callar... Viaje mentalmente a otro lugar para no pensar en aquello, tarde o temprano todo acabaría... Necesitaba algo para distraer mi mente. Me centré en uno de los panfletos subversivos... "Si quieres a tus amigos, lávate mas manos" rezaba en alusión a los contagios de la gripe A... maldita resistencia... introducen el virus y luego echan la culpa a otro... Justo abajo del primer panfleto había otro en tono jocoso... "Si quieres a tus amigas, lávate la polla" además cachondéate... Lo ilustraban graciosamente. Ya sabía dónde estaba el centro de operaciones. La escalera de caracol que bajaba al sótano estaba cerrada, por tanto debía ser allí.
Planeamos el día siguiente y decidimos retirarnos. Ya sabía cual era el sitio, sin palabras nos habíamos entendido a la perfección. Ya podía deshacerme de ellos...
Viaje real realizado el día 29 de Enero del 2010. Contado en tono ficticio y cachondeo
El coche me llevó casi solo hasta el punto de encuentro, había estudiado el recorrido mentalmente. Vi una figura al fondo y le di las luces tres veces tal como acordamos. Bajé con el poco equipaje que necesitaba y me hicieron montar en un utilitario que pasaría desapercibido en nuestro destino.
Ellos eran dos aunque me indicaron que había que recoger a una tercera persona, una fémina que se ocultaba en un colegio. Muy astutos! una profesora de primaria, que gran tapadera. Ayudados por el caos del parking escolar (el montaje fue espectacular, policías municipales ocupados con el tráfico, padres llevando a sus hijos al polideportivo, niños por todos lados... aunque pude observar a varios de sus hombres vigilando en sitios estratégicos, la experiencia es un grado). Uno de los tripulantes se excusó y dijo ir en busca de la cabecilla. Supongo que quería discutir la estrategia después de la primera impresión que había causado.
Ya de camino no hubo incidentes hasta pasada la frontera. Fuimos hablando del tiempo hasta que salió el típico comentario de las anécdotas. Viejo truco de espías, hablar de situaciones sencillas y cotidianas relacionadas con el trabajo. Es fácil meter la pata si uno es novato o se emociona con las mentiras. Por suerte, no es la primera vez que lo intentan conmigo, estaba atento.
El cielo estaba encapotado aunque se podía ver una gran luna llena en ciertos claros aislados. Se podía ver, hasta que empezó a llover a mares... una cortina de agua obstaculizaba el avance... gran diluvio que nos retrasó en nuestro horario previsto.
Al fin llegamos al hotel. Discreto y correcto, en las afueras. Muy inteligentes otra vez, no eran aficionados. Debía de tener cuidado. Se repartieron las habitaciones y para mi sorpresa, yo compartía habitación con la cabecilla... los otros dos agentes se alojaban cerca para acudir en caso de necesidad... Me informaron de la llegada de otras dos agentes esa misma noche. Yo estaba seguro de que ya estaban presentes y vigilaban mis movimientos. Era consciente de que la asignación de habitación no era casual, seguro que había micrófonos y cámaras ya instaladas. Ella metió la pata, se sabía el código de la puerta de memoria, sin mirar el papel abrió la cerradura electrónica de la habitación a la primera.
Después de dejar las maletas nos dirigimos al centro de Burdeos. Decidimos ir andando, otra prueba más. El viento gélido retaba nuestra resistencia. Ellos querían ver de qué pasta estaba hecho. "Os lo demostraré", saqué la pitillera, encendí un cigarro y me quedé contemplando el puente viendo como atravesaba "La Garonne" los arcos del puente. Qué majestuosa visión. Inmenso. Era muy fácil para ellos lanzarme por encima del bordillo de un ligero empujón. Nadie sabía dónde estaba, nadie sabría de mí y tal vez días después algún pesador encontraría mi cadáver en sus redes con los dedos cortados, la dentadura destrozada y sin documentación. Tenía que arriesgarme para cumplir con mi misión.
Llegamos al otro lado. Nunca antes había estado en Burdeos. Nunca antes había estado en Francia, no profesionalmente. Las fachadas eran preciosas y los paseos fluviales estaban bien iluminados. Recorrer la orilla del río era una tentación, pero debido al gélido viento declinamos caminar sin la protección de las fachadas envejecidas de la ciudad. Fachadas muy características, con miles de historias escondidas en su interior. Callejuelas peculiares llenas de rincones auténticos. Cualquier local era una invitación a disfrutar del calor que desprendían las estufas.
Una crepería. Como no, muy francés, una supuesta cena alrededor de las 9:30, otro error, ningún restaurante da de cenar en Burdeos a esa hora, el local era una tapadera. ¿Este sería el lugar de encuentro con su cúpula? La resistencia debía de encontrarse pronto, más tarde ya sería tentar a la suerte...
Cenamos tranquilamente unas crepes variadas. La camarera con un tono de voz muy francés nos acercó dos jarras de sidra. Sinceramente, aquello era Kas manzana, pero no quise molestar al comando. Uno de ellos (llamémoslo ‘Nch’), tentó al grupo con un manjar propio de la zona, crepe de chocolate, pero nadie picó el anzuelo. ¡¡¡Crepe de chocolate, a quién se le ocurre, menuda aberración!!!
Por fin terminó la cena y parecía que comenzaban a confiar en mí. Nos pusimos en marcha por la calle del lobo, hacia un local políticamente incorrecto. Aquel era el sitio sin ninguna duda! No estaba nada camuflado, tal como se suele decir, si quieres esconder algo, ponlo bien a la vista. Obscenamente provocador, decorado con carteles de propaganda anarco-comunista, el local parecía un tugurio. Era un tugurio. Me gustó. Allí se desconocían las palabras "prohibido", "fumar" y "orangina".
Sentados en una mesa nos miramos en silencio mientras medíamos las reacciones de los demás. Aquello ya empezaba en serio... en cualquier momento alguien tendría que sacar el tema. Detrás de mi, dos componentes de la resistencia hablaban abiertamente de la lucha que estaban llevando a cabo. Me retaban a actuar o callar... Viaje mentalmente a otro lugar para no pensar en aquello, tarde o temprano todo acabaría... Necesitaba algo para distraer mi mente. Me centré en uno de los panfletos subversivos... "Si quieres a tus amigos, lávate mas manos" rezaba en alusión a los contagios de la gripe A... maldita resistencia... introducen el virus y luego echan la culpa a otro... Justo abajo del primer panfleto había otro en tono jocoso... "Si quieres a tus amigas, lávate la polla" además cachondéate... Lo ilustraban graciosamente. Ya sabía dónde estaba el centro de operaciones. La escalera de caracol que bajaba al sótano estaba cerrada, por tanto debía ser allí.
Planeamos el día siguiente y decidimos retirarnos. Ya sabía cual era el sitio, sin palabras nos habíamos entendido a la perfección. Ya podía deshacerme de ellos...
Viaje real realizado el día 29 de Enero del 2010. Contado en tono ficticio y cachondeo
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